El peronismo y los judíos
Daniel Blinder

danielblinder@hombregris2001.com.ar


¿Quién de la colectividad judía no pensó o escuchó hablar sobre el comportamiento del ex Presidente Juan Domingo Perón para con el pueblo judío? Surgen “verdades”, como la relación de este Presidente con el nazismo, la entrada de jerarcas nazis a la Argentina, la nazificación del país, y muchos otros tópicos que no dejan de tener su parte de verdad.
Pero, como toda parte, es sólo un segmento de una realidad que tiene mucho de mitológico, enmarañado en la tradición después de la Revolución Libertadora.
Siempre, detrás de todo hecho histórico hay varias verdades. Unas preguntas que dejo para pensar mientras ud. lee el artículo: ¿Por qué cuando se enseña historia judía, se enseña mucho sobre el Estado de Israel, y poco sobre la Argentina?, ¿Por qué se hace tanto hincapié en el antisemitismo? ¿Es que los judíos no tenemos lugar en la historia Argentina?



Haciendo historia
Vamos por partes: Los judíos somos una parte importante del mosaico de colectividades que tiene la Argentina, pero no somos la única. Y como se sabe, los judíos hemos aportado con personajes muy importantes del quehacer político y social a la vida del país. Pero es fundamental dejar en claro que (de acuerdo a nuestra historia nacional) las estructuras políticas de nuestra colectividad han servido mayormente a los poderes de turno. Y si la historia la escriben los que ganan…

Si se pueden trazar parábolas históricas, vale recordar que en la República Argentina de 1930 se respiraba la Década Infame en la cual se podía encontrar, fraude, corrupción, pobreza extrema, y gobiernos favorables a la poderosa Inglaterra. Ello no era casual.
En 1929 estalló una crisis financiera mundial que quebró a miles de empresarios, que acabó con en liberalismo económico, y fue dando caldo de cultivo al germen de la figura más emblemática del autoritarismo y de la muerte en Europa: Adolf Hitler.

Perón había viajado por la vieja Europa, y es cierto que admiró aquella Italia de Musolini donde la patronal conciliaba con los sindicatos, donde existía una sociedad corporativa que se ponía en pié autoritariamente. También es cierto que Perón era parte del Ejército Argentino que había sido formado al estilo prusiano, dado que Argentina y Alemania negociaron la adquisición de tecnología bélica con la ventaja que ofrecía el país europeo de dar formación a los oficiales. ¿Eso lo convertía en nazi-fascista?...

La Argentina se levantóEn esa Argentina donde no existía un proyecto de desarrollo autónomo, un joven Oficial del Ejército Argentino desde una Secretaría comenzaba a darle voz y derechos a quienes no los tenían. Los trabajadores se identificaban en él, y Perón ganaba más adeptos gracias a lo siguiente: los Aliados (Inglaterra, la Unión Soviética, y los Estados Unidos) peleaban en la Segunda Guerra Mundial contra el Eje (Alemania, Italia, y Japón). Uno de los partidos representativos de los trabajadores, para dar un ejemplo el Partido Comunista Argentino, orientaba su plan político en la Argentina de acuerdo a los mandatos de la Rusia Stalinista, y éste plan consistía en poner todos los esfuerzos en ganarle la guerra a Hitler. Los capitales de las industrias argentinas (como los frigoríficos) eran mayormente ingleses, aliados de los rusos. La lógica de los comunistas aquí era entonces abastecer de carne a los soldados ingleses, buscar el aumento de la producción para exportar, y evitar las huelgas a pesar de las pésimas condiciones de vida de los obreros de un país neutral ¿Quién se acordaba de ellos?

Desde 1943 hasta 1945, Perón incrementó su popularidad, a tal punto que lo encarcelan, y los trabajadores del conurbano, emigrados del Interior del país, se movilizan por su liberación.
Lo logran el 17 de Octubre.
En 1946, Perón gana las elecciones democráticamente, y continúa con las reformas de industrialización de la Argentina, logrando eliminar la figura del desocupado y un acuerdo nacional con una renta que se dividía cincuenta y cincuenta entre los trabajadores y los patrones.
Pero a los Estados Unidos, esa situación no le agradaba. No le gustaba la idea de un gobierno independiente en América Latina, ni le gustaba su incipiente proyecto ABC (Unión entre Argentina, Brasil, y Chile) ¿Cómo podía ser que un Gobierno Nazi estuviera en su zona de influencia?

Un Nazi fue el primero en reconocer Israel
Dice el Dr.Leonardo Senkman, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, que “la reapertura de la inmigración europea de posguerra por el primer gobierno peronista en 1946 puso fin a su interrupción drástica desde 1930, arrojando un saldo neto de 463.456 personas ingresadas vía ultramar (2a. y 3a. clase) entre 1947 y 1951.
Las cifras más elevadas de los últimos treinta años. Esta inmigración masiva muestra toda su magnitud ( a pesar de que no logró el objetivo declarado de incorporar 4 millones de extranjeros) cuando se la compara con el saldo de apenas 33.655 pasajeros correspondiente a los ingresados por todas las vías durante el quinquenio 1942-46”.

También Senkman aclara que “con el ascenso del peronismo al poder, las preocupaciones étnicas en materia de población e inmigración pasaron a formar parte de la agenda de cuestiones públicas que implementó el nuevo gobierno (…) Pero acaso la novedad más importante en materia étnica haya sido que, por primera vez desde la función pública, un gobierno decidiera institucionalizar los estudios étnicos de la población, como hizo el Presidente Perón mediante la creación del Instituto Étnico Nacional (…)”.

Santiago Peralta, conocido antropólogo antisemita, aliado al nacionalismo profascista y autor de libros discriminatorios como “la Acción del Pueblo Judío en la Argentina”, logró ser designado responsable con amplias facultades de la Dirección General de Migraciones (DGM), desde diciembre de 1945 hasta julio del 47.
Peralta fue alejado por Perón, a raíz de la repercusión internacional por denuncias de prácticas discriminatorias en su función pública.
No obstante, retuvo por seis meses adicionales la dirección del Instituto Étnico Nacional, hasta su jubilación en enero 1948.
Luego, agrega este académico israelí que “Las dificultades que encontró la inmigración judía a Argentina en la inmediata posguerra deben ser comprendidas en el marco global de las relaciones pragmáticas de Perón con los judíos, el estado de Israel y los EE.UU. (…) desde un punto de vista inmigratorio y poblacional, fueron similares a las que los inmigrantes judíos hallaron en otros países latinoamericanos, y difícilmente pueden ser explicadas a través de inversiones lógicas para deducir que las preferencias ideológicas de Perón a dar refugio a colaboracionistas y criminales de guerra fueron la mejor prueba del rechazo a los inmigrantes judíos”.

El Hecho de que Perón reciba nazis prófugos no era una cuestión de que sea un partidario nazi antisemita. Si estudiamos el caso en profundidad, la Unión Soviética y los EEUU recibieron gustosos a los Nazis (que ayudaron a escapar de los Juicios de Nüremberg) para que les enseñen sus técnicas en el combate de la Guerra Fría. Perón, hábil y frío, pensaba lo mismo.

La realidad dice que entre 1930 y 1949, la Argentina recibió a más refugiados judíos per cápita que cualquier otro país del mundo, excepto Palestina y, posiblemente Uruguay.
Es muy importante analizar los hechos puntuales: En la última década del siglo XX todavía era posible encontrar en algún kibutz de Israel frazadas con el sello de la Fundación Eva Perón, enviadas en 1948, cuando Argentina se convertía en el primer país que reconoció la soberanía del Estado judío. Sí, ¡lo que leyó! El gobierno de Perón fue el primero en reconocer el sueño de todos los sobrevivientes de los pogroms y la shoá.

Los judíos y la política con Perón
Lejos de la mitología popular, los judíos, como decíamos al principio, no somos ajenos a la realidad social que nos circunda. Hay judíos ricos, pero también hay y hubieron judíos de la clase trabajadora y muy pobres. Muchos de ellos, lejos de ver en Perón la reencarnación del Faraón esclavizador de Egipto o el monstruo de un nuevo holocausto, vieron en él a un líder que cumplía con su pueblo, y se sentían beneficiados e integrados gracias a muchas de las conquistas sociales que se consiguieron.

Perón quiso luego sumar a la OIA (integrada por empresarios judíos) como una sección de hombres de negocios del movimiento justicialista. Pablo Mangel, presidente de la institución, es designado posteriormente embajador argentino en Israel. En 1948, se crean Nueva Sión, el Instituto Judío Argentino de Cultura e Información y la Cámara de Comercio Argentino-Israelí; en 1949 llega el primer Embajador de Israel a la Argentina, y en 1951, Golda Meir visita Buenos Aires abrazándose con Eva Perón, por la labor realizada en favor del Estado de Israel.

Cuenta el periodista Roberto Bardini que “En 1946, durante el gobierno peronista, por primera vez en la historia argentina se conceden días libres a los soldados conscriptos judíos para que puedan celebrar sus fechas religiosas. Al año siguiente, se instituye la primera Feria del Libro Judío, que funciona durante 30 días y vende más de 25 mil volúmenes. Esta actividad continúa a lo largo de décadas, cerca de la celebración de Rosh Hashaná.
Se exhiben y venden libros de temática judía en idish, hebreo, castellano, inglés y francés, además de discos y objetos del ritual judío”. Añade que “también en 1948 se funda en Buenos Aires el Instituto Judío de Cultura e Información, presidido por Simón Mirelman, y la colectividad israelita inicia contactos con Perón, principalmente a través del ministro del Interior, Ángel Borlenghi, cuya esposa es de origen judío. El rabino Amran Blum es designado catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, y asesor presidencial en temas religiosos”.

La Constitución promulgada por el peronismo en 1949, incluyó una condena a la discriminación racial y religiosa. En ese mismo año, Eva Perón pronunció un discurso en el que afirmaba que quienes propiciaban el antisemitismo en la Argentina eran “los nefastos representantes de la oligarquía”. El jefe de prensa del gobierno peronista, Raúl Apold, era judío. Pero los antiperonistas, sin embargo, lo llamaban el Goebbels argentino, relata Bardini.

Cuando Jaim Weizman, el primer presidente israelí, visitó Buenos Aires en 1951, fue recibido con honores, y el flamante jefe de Estado le obsequió una Biblia antigua a Perón y anunció que su gobierno bautizará una plazoleta con el nombre del mandatario argentino.
Poco después, se inauguró en Plaza de Mayo un mástil donado por comerciantes, empresarios y hombres de negocios de la colectividad Judía. Era tan distinta la atmósfera que se sentía, que las morót (maestras), relatan en el schule (colegio), que Jacob Tsur, el primer embajador de Israel en Argentina, publica en 1983 su libro Cartas credenciales, en el que señala: “En la perspectiva simplista de Washington, Perón sólo podía ser nazi o comunista”.

Así mismo, el ex representante diplomático argentino en Israel, Pablo Mangel, declaraba que el antisemitismo no era esencial al peronismo: “Fui testigo y partícipe directo del apoyo brindado por el gobierno peronista al pueblo judío, que se debatía en tiempos de pos guerra entre el hambre y el desarraigo (...). Se le otorgaron amplias facilidades a los judíos que huían de la Europa deshecha y que casi siempre llegaban sin documentos”, decía. El ex funcionario relataba que Estados Unidos no permitió la entrada a un buque que había partido de Chipre repleto de exiliados judíos y que “Evita no sólo los recibió sino que se preocupó por conseguirles trabajo”. También la DAIA jugó alguna vez con un gobierno popular (a pesar de estar casada siempre con el gobierno de turno), pues durante el conflicto del gobierno con la Iglesia Católica, respaldó algunas medidas oficiales, como la cancelación de la enseñanza religiosa y la ley de divorcio. En 1954, la entidad publicó un favorable folleto titulado “El pensamiento del presidente Perón sobre el pueblo judío”.

¿Quiénes somos ante la Argentina?
El ser parte de esta sociedad implica responsabilidad a la hora de presentarse como una colectividad que tiene algo que aportar a su país. La relación de Perón con el judaísmo argentino ha sido poco estudiada y es poco conocida. Volver sobre nuestras raíces (como parte importante de continuar el judaísmo) implica también conocer los hechos que marcaron, no sólo la historia Argentina, sino también la historia judía.

Pero dado el mote adjudicado al peronismo de nazi fascista, sobre todo por parte de quienes lo querían ver fuera de la escena, mucho se le agregó después, pues el antisemitismo no comenzó en la época de Perón.

Hitler era antisemita, ¿pero era el único vástago del fascismo a combatir? Nuevos estudios históricos echan luz sobre Winston Churchill, y José Stalin (quienes combatían contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial). Ellos eran antisemitas declarados, y poco hicieron por los judíos gaseados en los campos de concentración. Por supuesto que Estados Unidos, el principal aliado israelí, debía saberlo. Hoy en día se sabe que hasta gente poderosa del mismo corazón económico norteamericano financió la maquinaria bélica de la Alemania Nazi, incluyendo a la creadora del gas usado en las cámaras de la muerte.

¿Es posible determinar una política de acción que nos una en pluralidad definitivamente sin cortocircuitos al engranaje argentino? Fijémonos con quien estuvo la dirigencia judía en años de terrorismo de Estado, y en años de menemismo; miremos la cantidad de desaparecidos políticos y sociales que dejó esta red perversa; sepamos distinguir bien la víctima del victimario; y miremos los horizontes de un país que no pudo ser, y a un movimiento que supo incluir a muchos judíos que quedaron en los muros de los centros clandestinos de detención, y que murieron por esa idea que los interpelaba a ellos como argentinos, peronistas, y también como judíos.

Fuentes
www.tau.ac.il/eial/III_2/senkman.htm
www.lucheyvuelve.com.ar/Evita/religiosidad.htm
www.argenpress.info/perfil.asp?num=000041
www.rodelu.net/bardini/bardini02.htm


 

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